¿Sabías que dependés de las bacterias mucho más de lo que creés?

Seguramente escuchaste la popular frase: somos lo que comemos, pero una afirmación más precisa aún sería, somos las bacterias que contenemos. Si bien suelen ser entendidas como sinónimo de enfermedad, la mayor parte de los microbios son tus amigos, al menos los que viven dentro de tu intestino y en la superficie de tu piel.
En conjunto, esas pequeñas criaturas son conocidas como la microbiota intestinal.

En tu organismo habitan un conjunto muy numeroso y diverso de microorganismos, alrededor de 10 billones (1014), un número 10 veces superior al de todas las células de tu cuerpo. Éstos reciben el nombre de microbiota intestinal. Más del 95% vive en el tracto digestivo, principalmente en el colon.

La microbiota intestinal es un ecosistema abierto que comprende una amplia variedad de poblaciones microbianas metabólicamente activas, que desempeñan un importante papel en la salud del huésped. El conjunto de estas bacterias se puede considerar como un órgano metabólico que, además, tiene las propiedad de ser adaptable y rápidamente renovable. Entre la microbiota y el huésped se establece una relación de mutualismo en la que ambos resultan beneficiados.

La microbiota ayuda a digerir los alimentos y a liberar sus nutrientes, protege de la invasión de patógenos peligrosos y estimula el sistema inmunitario, entre otras funciones principales.

Sobre la base de estas hipótesis, los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH) iniciaron, en 2007, el Proyecto Microbioma. Esta iniciativa de cinco años fue lanzada en el 2008 con el objetivo de identificar y caracterizar las comunidades microbianas presentes en las diferentes cavidades del cuerpo humano y buscar las correlaciones entre los cambios en el microbioma con el estado de salud, o bien con la manifestación de enfermedades.

Colonización y desarrollo de la microbiota intestinal.

La evidencia científica acumulada en los últimos años, permite afirmar que el establecimiento y desarrollo de la microbiota intestinal resulta clave para la salud y bienestar de los niños y, continuando ya en el crecimiento posterior, también durante la vida adulta.

Esta evidencia subraya que la exposición perinatal a microorganismos, especialmente los primeros pasos de colonización microbiana, tienen un papel esencial en nuestro desarrollo como individuos.

¿Qué funciones cumplen las comunidades bacterianas en tu sistema?

Tradicionalmente se creía que los fetos eran estériles y que la exposición del recién nacido a los microorganismos se iniciaba durante el parto tras la rotura de la bolsa amniótica. Sin embargo, se ha demostrado la existencia de microorganismos en tejidos y muestras prenatales en condiciones normales, indicando que la exposición se inicia (aunque a pequeña escala) antes del parto. No obstante, es posterior al nacimiento cuando el proceso de colonización microbiana se hace más intenso. Comienza a desarrollarse en el mismo canal de parto donde el feto entra en contacto con millones de bacterias maternas (Lactobacilos y Bífidobacterias, entre otras) que comienzan a poblar el intestino.

Las alteraciones en el proceso de desarrollo de la microbiota durante este periodo inicial pueden aumentar el riesgo de padecer enfermedades, así por ejemplo, se ha observado que distorsiones en la microbiota en los niños preceden a la aparición de manifestaciones clínicas como el eczema atópico, o al desarrollo de la obesidad.

Por lo tanto, los primeros estadios de la vida infantil constituyen una oportunidad única para la modulación de la microbiota hacia el establecimiento de un perfil microbiano saludable en nuestro organismo.

Dada la falta de una definición adecuada de “microbiota saludable”, la composición de la microbiota de un bebé sano, nacido por parto vaginal y alimentado exclusivamente con leche materna, se ha considerado el estándar.

Las fases iniciales de la vida, cuando la microbiota está estableciéndose y el niño transita su crecimiento, pueden representar la ventana de oportunidad para la modulación de la misma microbiota. Más tarde, tras el destete, la complejidad y la diversidad de la microbiota aumentarán rápidamente alcanzando la composición de un adulto a los 2 o 3 años de edad.